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La Coctelera

Unidad IV: Poesia

DIALOGO POESÍA ROMÁNTICA - VANGUARDISTA


Eduard Leandro Paillie, poeta Romántico, de nacionalidad Española, y Guido Abreu Mestre, poeta Vanguardista, de nacionalidad Italiana, son unos de los poetas elegidos para participar en un Congreso Internacional llamado: Historia Comparada de la Pintura, La Música y Poesía Moderna, en la cual varios poetas, músicos y artistas de los diferentes estilos darán una charla sobre su movimiento artístico. Ellos Van en un Vuelo rumbo a la ciudad de Melbourne (Australia), y ambos se encuentran sentados en asientos juntos del avión, en uno de los momentos del largo vuelo uno de ellos inicia una charla.

Guido A: ¿Hola Como estas? ¿Eres tu uno de los exponentes del congreso de poesía en Melbourne?

Eduard L: Hola, Muy bien! Si, si soy uno de los exponentes del congreso, expondré a la poesía Romántica.

Guido A: Que interesante, pues yo al igual que tu, soy expositor, de la poesía Vanguardista; Y mira que estos congresos son muy interesantes porque con estos podemos conocer los puntos de vistas de los demás estilos literarios. Y ¿Qué piensas exponer en este?

Eduard L: Básicamente, daré una charla sobre el significado de la poesía romántica, es como una reflexión sobre la especificación que determina la naturaleza y fin de la poesía en el ámbito histórico, cultural y estético que llamamos Romanticismo. Pues como sabes, el Romanticismo nace de la Ilustración haciendo frente a lo que de insatisfactorio se siente en los resultados de su propio proyecto. Es un enfrentamiento de la Ilustración con ella misma que, inevitablemente, inspira con desasosiego la poesía romántica en sus fundamentos. Mira que la poesía romántica inicio con varios puntos de vista, por ejemplo Novalis decía que "Hay que romantizar el mundo para volver a encontrar su sentido original", a contrario de Friedrich Schlegel quien decía que "La poesía romántica es una poesía universal progresiva" que deberá "hacer la poesía viva y sociable y poetizar la vida y la sociedad"), estos expresaron la necesidad de poetizar (romantizar) el mundo, la vida y la sociedad. Y pues a la conclusión que llego es que inspirada por estos anhelos románticos, la poesía debe infundir la idealidad perdida a la prosa del mundo, confundir la poesía con la prosa.

Guido A: mmm, que interesante, sígueme contando.

Eduard L: La poesía romántica aparece como una negación del presente en el que el poeta se siente desterrado, y como un ansia de libertad vital que transciende las limitaciones impuestas por los intereses materiales y positivos.

Guido A: Y ¿Qué problemas tuvo la poesía romántica?

Eduard L: El problema central de la poesía romántica es su situación en la sociedad burguesa en que se desarrolla el Romanticismo. Los poetas y críticos románticos se plantean el problema de la situación de la poesía y de los poetas en la sociedad moderna preguntándose por la pertinencia de la poesía en su propio tiempo, en un momento europeo en ese momento que Larra llama de "civilización extremada", dominada por "intereses positivos", "intereses materiales" (II, 117a), en que como había dicho Heine impera el culto al dinero como valor supremo y que el egoísmo siempre al acecho había impulsado a los literatos de la escuela romántica alemana a abominar del presente y refugiarse en el pasado propugnando la restauración de los valores medievales, en busca de la espiritualidad perdida.

Guido A: He oído sobre el llamado, mal del siglo en el tono de la poesía romántica, ¿me puedes explicar esto?

Eduard L: Mira, es el mal del siglo burgués que infunde la poesía angustiada de los jóvenes poetas románticos liberales y el mal del siglo aristocrático de los primeros románticos a los que se refiere Heine - sus maestros- que ven desvastados sus castillos y sus templos por el furor revolucionario y sienten nostalgia por una armonía premoderna que había quedado fragmentada. Chateaubriand expresa la melancolía del mal del siglo aristocrático cuando al cruzar el paisaje sublime de los Alpes contrasta la poesía de la naturaleza y del antiguo espíritu religioso medieval con el prosaísmo vulgar de la sociedad secularizada -la "desagradable modernidad"- cuyo símbolo es la moderna burocracia: "La vulgaridad, la modernidad de la aduana y del pasaporte, contrastaban con la tormenta, la puerta gótica, el sonido del coro y el fragor del torrente"

Guido A: y Para ti, ¿Qué es la poesía Romántica?

Eduard L: La poesía romántica para mi es algo más que canturía en los versos... es una tendencia filosófica y política que da suma importancia a sus composiciones. Es decir, la misión poética que se debe exigir al poeta romántico como manifestación de una literatura. Y pues sobre esto será mi participación en el congreso, espero pongas mucha atención y te guste; pero cuéntame ¿tu sobre que vas a hablar?

Guido A: Claro que prestare atención a tu participación. Como te dije anteriormente mi estilo es el vanguardista, y hablare de este. Básicamente sobre el movimiento vanguardista, pues mira que esta es la más radical revolución que sufre el arte y la literatura en su historia, El término vanguardia surge en Francia durante los años de la Primera Guerra [1914-1917]. Su origen está precisamente en el vocablo francés avant-garde, término de origen militar y político, que venía a reflejar el espíritu de lucha, de combate y de confrontación que el nuevo arte del siglo oponía frente al llamado arte decimonónico o académico.

Eduard L: Tengo entendido que desde el principio, el arte vanguardista adquiere una impronta provocadora contra lo antiguo, lo naturalista o lo que se relacionara con el arte burgués. ¿Verdad?

Guido A: Cierto, y no será causalidad que todas las primeras manifestaciones de estos vanguardismos estén repletos de actos y gestos de impacto social, como expresión de un profundo rechazo a la llamada cultura burguesa. La Primera Guerra, como expresión del afán imperialista y del profundo fracaso de esa burguesía por conseguir la paz, será el período en que, junto a actitudes diversas de rechazo a la guerra, afloren todas estas manifestaciones artísticas extraordinarias con una versatilidad y agilidad desconocidas hasta entonces. Los llamados ismos se sucederán uno tras otro. No es ninguna casualidad que el surgimiento de los vanguardismos artísticos y literarios esté relacionado íntimamente con el periodo de mayor intensidad social, ideológica, en definitiva histórica, del siglo XX: el periodo que va desde la Primera guerra del 14 al inicio de la Segunda en 1939. En esos 15 ó 20 años cuajan las experiencias del nuevo arte: unas pasarán rápidamente, otras quedarán incorporadas al arte para siempre, pero la revolución de las formas y de los contenidos se producirá, sin duda, a partir de aquellas vanguardias de los años 20.

Eduard L: ¿Si te dijera que como reconozco a un poeta vanguardista que me dirías?

Guido A: Mira, El poeta vanguardista es un inconforme, ya que el pasado no sirve, hay que buscar un arte que responda a esta novedad interna que vive el hombre, poyándose en la novedad original que uno lleva por dentro; En la poesía vanguardista se juega constantemente con el símbolo. Ciertos animales como el buho y el buitre son representación que recorre al poeta; Los poetas vanguardistas reaccionan contra las reglas tradicionales de la versificación, pero sus necesidades expresivas no se adaptan "a formas fijas" y necesitan una mayor libertad, ya que lo fundamental no va a ser lograr sonidos agradables, sino "la expresión adecuada de su mundo interior"; los vanguardistas tienen una reacción contra el modernismo, específicamente contra los imitadores de los maestros de esta corriente, al igual tienen una conciencia social, casi todos los significativos poetas de este tiempo acusan en su poesía una conciencia social que los lleva a tomar posiciones frente al hombre y su destino, utilizan un nuevo lenguaje poético, se proponen temas como el anti-patriotismo la deserción la existencia de los hombres reales de carne y hueso

El punto de vista del narrador es múltiple a lo que algunos se les dio por llamar simultaneidad de puntos de vista. Los Vanguardistas profundizan en el mundo interior de los personajes, pues tratan de presentarlos a través de sus más escondidos estados del alma y Sabes! En este tipo de literatura no interesa el tiempo cronológico, sino el tiempo anímico; Se toma en cuenta el aspecto presentacional, pues, se limita a sugerir para que el lector complete, el autor exige la presencia de un lector atento que vaya desentrañando los hechos oscuros que se presentan y armando inteligentemente las piezas de ese rompecabezas de la novela de nuestro tiempo.

Eduard L: Uy, muy buena tu argumentación. ¿Y de todos los representantes de este movimiento tienes a uno que te agrade o lo admiras?

Guido A: Claro, he leído mucho sobre este escritor y sabes me fascina su estilo y me parece un muy buen representante del vanguardismo, el es un latinoamericano, es de Colombia, su nombre Gabriel García Márquez, y tiene unas obras, bárbaras, entre ellas: "La Hojarasca", "El Coronel No tiene Quien Le Escriba", "El Otoño del Patriarca", "Crónica de una muerte Anunciada", "El Amor en los tiempos Del Cólera", "Los Funerales de Mama Grande", "Ojos de Perro Azul" y la "Increíble Historia de la Cándida Eréndida y la Abuela Desalmada", pero sabes la que mas me gusta es “Cien Años de Soledad”, te la recomiendo y te recomiendo este escritor porque este escritor se convirtió en culminador exitoso del realismo mágico.

Bueno parece que hemos llegado a Melbourne, espero no te pierdas mi intervención en el congreso! Y es un placer haber hablado contigo.

Eduard L: Por supuesto que no me perderé tu intervención, y me encanto conocerte Guido. Te veo Luego.

Unidad III: Musica

CONCIERTAZO DEL SIGLO XIX / XX: FRANZ LISZT & IGOR STRAVINSKI



¡Bienvenidos al Conciertazo de los siglos XIX / XX. En el podrá conocer y escuchar obras pertenecientes a Franz Liszt & Igor Stravinsky. Algunas de estas obras son reproducciones de los mas famosos conciertos de estos artistas!


1. FRANZ LISZT
(Raiding, actual Hungría, 1811-Bayreuth, Alemania, 1886)

Pianista y compositor de origen húngaro. Fue el precursor del recital para piano y, a través de sus numerosos discípulos, el pianista más influyente del siglo XIX. Nació el 22 de octubre de 1811 en la localidad de Raiding, cerca de Sopron. Comenzó a estudiar piano con su padre. En Viena recibió clases del pianista austriaco Carl Czerny y del compositor italiano Antonio Salieri. En 1823 marchó a París con sus padres, ciudad donde pronto se dio a conocer como pianista. Mientras tanto, tomó lecciones de composición de Ferdinando Paër, compositor de óperas italiano, y de Anton Reicha, compositor y teórico checo-francés, también maestro de Berlioz y de César Franck.

Su estancia en París durante doce años le permitió conocer a numerosas personalidades de la cultura, desde compositores como Hector Berlioz y Frédéric Chopin a novelistas y poetas como Victor Hugo, Alphonse de Lamartine, el alemán Heinrich Heine y el panfletista liberal Félicité Lamennais. Su amistad con Lamartine y Lamennais influyó de forma decisiva en su carrera, así como los conciertos que ofrecía el virtuoso violinista Niccolò Paganini en París a principios de 1831, que despertaron en Liszt el deseo de conseguir con el piano una técnica similar a la que había conseguido Paganini con el violín. En 1833 conoció a la condesa francesa Marie d'Agoult, escritora bajo el seudónimo de Daniel Stern, con quien estableció una relación que duró hasta 1844. Su hija Cósima se casó con el pianista y director alemán Hans von Bülow, y más tarde con Richard Wagner. Entre 1839 y 1847 realizó giras por Europa, desde Lisboa hasta Moscú y desde Dublín hasta Estambul, y consiguió una fama sin precedentes. En 1847 abandonó su carrera como virtuoso, y sólo en contadas ocasiones volvió a tocar en público. Ese mismo año conoció a la princesa rusa Caroline Sayn-Wittgenstein, que permaneció a su lado para el resto de sus días. Desde 1848 a 1861 fue director musical en la corte ducal de Weimar, donde interpretó obras compuestas por Berlioz, Wagner y otros compositores, así como las suyas propias. En 1861 abandonó Weimar para irse a vivir durante 10 años a Roma, donde estudió teología y recibió las órdenes menores. Después de 1871 vivió entre Roma, Weimar y Budapest, y continuó con sus labores de director, maestro, compositor y promotor de la música de Wagner. Murió en Bayreut, Alemania, el 31 de julio de 1886, durante el Festival Wagner que allí se celebraba.

Liszt fue una de las personalidades más importantes de su tiempo. Aparte de sus logros como pianista y director, dio clases a más de cuatrocientos alumnos, compuso unas 350 obras y escribió o colaboró en ocho volúmenes en prosa, sin contar su correspondencia. Además realizó más de 200 paráfrasis y transcripciones de otros compositores para piano. Fue uno de los innovadores de la armonía en el siglo XIX, sobre todo con el uso de complicados acordes cromáticos. También investigó nuevos procedimientos musicales con su técnica de variaciones temáticas, como se pude apreciar en la Sonata en si menor (1853); las sencillas notas del comienzo se van transformando para dotar a la obra del material temático necesario. Esta técnica y sus armonías cromáticas influyeron en Wagner y Richard Strauss. Sus composiciones para piano requerían una técnica difícil y revolucionaria que otorgó al instrumento un color y sonoridades completamente nuevas.

PRINCIPALES OBRAS:
Entre sus obras pianísticas destacan los doce Estudios de ejecución trascendental (1851), las veinte Rapsodias húngaras (1846-1885; nº 20 sin publicar), los Seis estudios sobre un tema de Paganini (1851), el Concierto nº 1 en mi bemol mayor (1849; revisado en 1853), el Concierto nº 2 en la mayor (1848; revisado en 1856-1861), y las piezas que forman los tres volúmenes de Años de peregrinación (1855, 1858, 1877). Algunas de estas últimas anticipan el impresionismo del compositor francés Claude Debussy con su representación de escenas naturales. Las obras orquestales incluyen, aparte de las sinfonías Fausto y Dante (ambas de 1857), trece poemas sinfónicos, género que inventó Berlioz y que Liszt bautizó con ese nombre; Les préludes (1854), el más conocido se basa en un poema de Lamartine. A pesar de que no se conoce el número exacto de obras, su originalidad está fuera de toda duda. La armonía y forma que empleó en sus últimos trabajos anticiparon la música de algunos compositores del siglo XX, como el austríaco Arnold Schönberg (en la atonalidad de obras como la Bagatela sin tonalidad) y el húngaro Béla Bartók con sus primeras obras nacionalistas.

OBRAS:
1846-1885 - 20 Rapsodias húngaras, S 244 - nº 2
1848 - Concierto piano y orquesta nº 2, S 125 - 2º Mov.
1849 - Concierto piano y orquesta nº 1, S 124 - 4º Mov.
1850 - 3 Nocturnos - nº 3 Liebestraume
1851 - 12 Estudios ejecución trascendental - nº 5 Feus Follets
1851 - 6 estudios sobre tema de Paganini, S 141 - nº 3 La Campana
1852 - Fantasía Húngara, S 123
1853 - Sonata para piano, S 178 - 1º Mov.
1854 - Los Preludios, S 637
1859 - Totentanz para piano y orquesta, S 126
1860 - Studentenlieder - Gaudeamus igitur, S 240 (arreglos himno siglo XI)
1863 - Rapsodia Española, S 254 - I - Folies D'Espagne

SINFONIAS

1856 - Sinfonía Dante, S 109 - 1º Mov. Infierno

Primera Gala:

Rapsodia húngara N º 2, S.244 / 2, es el segundo de una serie de 19 de húngaro Rhapsodies por el compositor Franz Liszt, y es con mucho el más famoso de la serie. Pocos otros solos de piano han alcanzado tal popularidad, el pianista que ofrece la oportunidad de revelar excepcional habilidad como un virtuoso, al tiempo que el oyente con una inmediata e irresistible musical apelación. En tanto la original forma de piano solo y en la versión orquestada esta composición ha gozado de amplio uso en dibujos animados. Sus temas han servido también de la base de varias canciones populares.

Segunda Gala:


2. IGOR STRAVINSKI
(Rusia, 1882-1971)

Compositor ruso, una de las figuras más influyentes de la música del siglo XX. Nació el 17 de junio de 1882 en Oranienbaum (actualmente Lomonosov), hijo de un bajo de la Ópera Imperial de San Petersburgo, estudió derecho en la Universidad de esta ciudad. Allí conoció al hijo del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov, músico que le dirigió sus primeras composiciones musicales.

En 1908 el empresario ruso Sergei Diáguilev, impresionado por sus obras orquestales Scherzo fantástico (1908) y Fuegos artificiales (1910), le propuso que compusiera para sus Ballets Rusos, iniciando así una colaboración que duró muchos años. Sus primeros ballets para Diáguilev, El pájaro de fuego (1910) y Petrushka (1911), tuvieron un éxito rotundo y fueron muy admirados por su impacto dramático, su rica orquestación y sus melodías que evocaban la música tradicional rusa. Sin embargo, en el estreno de La consagración de la primavera (1913) la coreografía informal de Nijinski, las intensas disonancias y los fuertes ritmos asimétricos provocaron una reacción del público tan fuerte que ni siquiera los bailarines podían oír la orquesta. Las actuaciones posteriores tuvieron una mejor acogida por parte del público. Al año siguiente, al estallar la I Guerra Mundial, Stravinski se trasladó a Suiza. Allí, en parte debido a que las difíciles condiciones sociales y económicas no permitían la representación de proyectos mayores, compuso Historia del soldado (1918) para 7 instrumentistas, 3 actores y una bailarina, donde se advierte su desilusión por los años de guerra y el impacto del jazz, al igual que en Rag-time (1918) para 11 instrumentos y en Piano ragmusic (1919). En 1920 se trasladó a París. De esta época datan sus célebres Sinfonías de instrumentos de viento (1920), la ópera cómica Mavra (1922) y el ballet-cantata La boda, notablemente influido por la música tradicional rusa e interpretada por primera vez por los Ballets Rusos en 1923. En esta última obra, compuesta para 4 pianos, percusión y voz y con influencia de las melodías tradicionales rusas, se advierte una liberación de las tensiones del diálogo que posteriormente caracterizó el resto de su obra. Durante su etapa en París, también trabajó como pianista y director para ayudar a mantener a su familia. Así empezó a componer obras que se ajustaban a su habilidad pianística, como el Concierto para piano e instrumentos de viento (1924). A comienzos de la década de 1920 se enamoró de la actriz Vera de Bosset Soudeikine, con quien contrajo matrimonio en 1940, después de la muerte de su primera mujer.

Hacia 1923 empezó a componer sus primeras obras neoclásicas, marcadas por su interés en el estilo de los siglos XVII y XVIII. Estas obras también se caracterizan por un ideal de objetividad que en parte era una reacción contra el emocionalismo de finales del romanticismo.


Este ideal se refleja posteriormente en su Autobiografía (1935), donde escribió: "La música no tiene, por naturaleza… poder para expresar nada" y opinaba que los intérpretes debían seguir las intenciones del compositor sin complementarlo con sus propias ideas-posición estética con un fuerte impacto en la música moderna. Algunas obras de este periodo son la ópera-oratorio Edipo rey (1927) con un texto en latín, versión de J. Danielou de un texto de Jean Cocteau inspirado en Sófocles y el melodrama Perséfone (1934), para recitantes, cantantes y orquesta, con texto de André Gide, inspirado en el mito griego así como el ballet Apolo Musageta (1928, titulada posteriormente Apolo) entre otras obras escritas para el coreógrafo ruso George Balanchine. A mediados de la década de 1920 Stravinski atravesó una época de crisis espiritual y en 1926 se convirtió a la religión ortodoxa rusa (que había abandonado a los 18 años). Poco después, en 1930, compuso la Sinfonía de los salmos, para coro y orquesta. En 1939 Stravinski dejó Europa para trasladarse a Hollywood, California (Estados Unidos). Allí se mantuvo gracias a diversos encargos como Circus Polka (1942) compuesta para ser bailada por elefantes de circo; Danzas concertantes (1942) para orquesta y Escenas de ballet (1944) para una revista de Broadway, la Sinfonía en tres movimientos (1945), Misa (1948) y la ópera de gran éxito El progreso del libertino (1951, con libreto de W. H. Auden y Chester Kallman), obra que puede ser calificada como la culminación de su periodo neoclásico.

En 1948 Stravinski entabló amistad con el joven director estadounidense Robert Craft, quien pasó a ser su asistente musical. Craft le animó a escuchar la música de los serialistas, que trataban la melodía atonal como una serie de tonos sin relaciones armónicas o melódicas y cuyas técnicas se basan en el sistema dodecafónico del compositor vienés Arnold Schönberg. Aunque Stravinski había rechazado anteriormente las teorías de Schönberg, se interesó por la música de su discípulo, el compositor austriaco Anton Webern. Poco a poco Stravinsky empezó a utilizar las técnicas seriales, integrándolas a su manera (como había hecho con todas las anteriores influencias musicales) en composiciones como la cantata Threni (1958), Movimientos para piano y orquesta (1959) y su última gran composición, Requiem canticles (1966). En 1967, con 80 años y con una salud débil, dirigió su última grabación. Falleció el 6 de abril de 1971 en Nueva York y fue enterrado en Venecia, cerca de la tumba de Diáguilev. Durante su vida, Stravinski utilizó muchos estilos de música; un estilo fecundo con influencias de la música tradicional rusa, el primitivismo, el jazz, el neoclasicismo, la bitonalidad, la atonalidad y el serialismo. Su gran habilidad como compositor residía, en parte, en su capacidad para seguir evolucionando y en hacer suyas las técnicas nuevas. Según sus palabras, seguir un sólo camino era retroceder. Las obras de Stranvinski por su originalidad, fuerza y racionalidad reflejaron y a la vez influyeron las corrientes más importantes de la música del siglo XX.

PRINCIPALES OBRAS:

OBRAS
1910 - El pájaro de fuego
1911 - Petrushka -
Danza rusa
1913 - La consagración de la primavera
1918 -
Historia del soldado
1920 -
Pulcinella

OPERAS
Mavra (1922 - 3 de junio)
Edipo Rey (1927 - 30 de mayo)
El Progreso del Libertino (1951 - 11 de septiembre)


Otras Obras:
Scherzo fantástico, opus 3 (sinfonía orquestal-1908)
Fuegos artificiales, opus 4 (sinfonía orquestal-1910)
La boda (4 pianos, percusión y voz-1917)
Rag-time para 11 instrumentos (sinfonía orquestal-1918)
Piano ragmusic (piano-1919)
Concierto para piano e instrumentos de viento (1924)
Apolo (ballet-1928)
Perséfone (melodrama en tres escenas-1934)
Danzas concertantes (orquesta de cámara-1942)
Threni: Lamentations of Jeremiah the Prophet (cantata-1958)
Movimientos para piano y orquesta (1959)
Requiem canticles (1966)
Sinfonías de instrumentos de viento (1920)
Sinfonía de los salmos (1930)
Sinfonía en tres movimientos (1945)

Primera Gala:

Segunda Gala:



Continuacion Unidad II: Pintura (Galeria Movimiento Futurista)



Gallería Futurista


6. Niña corriendo por el Balcón

Autor: Giacomo Balla
Fecha: 1912
Museo: Galería de arte moderno de Milán
Características: 128 x128 cm.
Material: Oleo sobre lienzo

Unos meses antes de pintar este cuadro, Boccioni había firmado el "Manifiesto de los pintores futuristas" de Febrero de 1910 y "El Manifiesto técnico de Abril de 1910. En este documento, que desarrolla las ideas más ampliamente que el Manifiesto de Febrero, los futuristas dicen que todo se encuentra en movimiento, y en constante cambio. Todas las figuras aparecen y desaparecen en la realidad mientras que en nuestra retina se mantienen. Los futuristas no creen que el hombre sea el centro del Universo. El dolor del hombre es tan interesante como una bombilla eléctrica que funciona, sufre y llora. La musicalidad de las líneas y de los plegados de los vestidos modernos tienen un sentido simbólico tan fuerte como el desnudo para los pintores antiguos.

7. La Ciudad Despierta
El título original de la pintura fue Il lavoro (Trabajo), tal como apareció en la Mostra d'arte libera (Exposición de arte gratis) en Milán en 1911. Aunque realista elementos están presentes, tales como la construcción, y el espacio sigue siendo prestados a través de la perspectiva, esta pintura es considerada la primera obra realmente futurista de Umberto Boccioni, aunque no es muy diferente de sus anteriores obras, todas centradas en los suburbios. En esta pintura la visión naturalista de los trabajos anteriores es en parte abandonado, sustituida por una visión más dinámica.

Edificios en construcción en un suburbio puede verse con las chimeneas en la parte superior, pero la mayor parte del espacio está ocupado por hombres y caballos, funden en un esfuerzo dinámico. Boccioni por lo tanto, hace hincapié en algunos de los más típicos elementos de futurismo, la exaltación del trabajo humano y la importancia de la ciudad moderna, construida en torno a las necesidades modernas. La pintura representa la construcción de una nueva ciudad, con la evolución y la tecnología.


8. Dinamismo de un Ciclista

Boccioni expresa el dinamismo de un ciclista a través de esta fusión de la figura y su entorno. La doctrina futurista de dinamismo sostenido que la energía corre a través de la materia y el hombre, todos los objetos, personas, y son masas de energía potencial. Nada es estático de acuerdo a la teoría de dinamismo, la energía está siempre en movimiento. Los futuristas celebrar la velocidad y la máquina, ya que pueden no ir lo suficientemente rápido. Aquí Boccioni es menos interesado en retratar el ciclista y su máquina que está en retratar la velocidad en sí.

Énfasis se pone en movimiento y acción para expresar dinamismo, la futuristas están en revuelta contra la estática. Ellos equiparar dinamismo - energía - asunto - la luz, ya están todos en la misma, por lo que todas las cosas se funden y se mueven. Su agresiva estética se juega en las líneas de fuerza que atraviesan el campo.

Es una de las primeras pinturas futuristas de exaltación de la idea del movimiento. La pintura futurista utilizó las teorías del color de los impresionistas y el principio de las visiones simultáneas de los cubistas para la representación de la forma y el espacio, para la expresión de ideas dinámicas. En este cuadro Boccioni (1913) deja bien patentes las tendencias cubistas y el conocimiento de las teorías del color. Pero más evidente aún es la utilización de ritmos dinámicos rectos y curvos para aglutinar los instantes cambiantes de un movimiento.

9. Dinamismo de un coche
Luigi Russolo, Dinamismo de un coche, 1912-1913. Óleo sobre tela, 106 3 140 cm

El dinamismo de inspiración cronofotográfica era la piedra de toque de las innovaciones futuristas. Russolo utilizó los mismos métodos de figuración que sus compañeros de movimiento: la multiplicación de los perfiles de la figura para aludir al vector tiempo. La representación del movimiento relativo de la figura por este medio se tenía por un descubrimiento que revelaba las nuevas posibilidades vitalistas de la pintura. El torbellino es signo de la ciudad en esa poética que la interpreta como imago theatri.

10. "Music", 1911

Luigi Russolo (1885-1947), "Music", 1911, oil on canvas, 225 x 140 cm, Estorick Collection, London

Es la traslación a la pintura de las impresiones melódicas, rítmicas, armónicas y cromáticas que constituyen el complejo de la emoción musical.

Unidad II: Pintura (Galeria Movimiento Futurista)

¡Bienvenidos a la exposición de pinturas realizadas en óleo de Pintores del movimiento Futurista. En ella podrá encontrar cuadros pertenecientes al estilo Futurista. Algunas de estas obras son reproducciones de las obras de los principales representantes de este movimiento!



EL FUTURISMO


El futurismo es un movimiento literario y artístico que se desarrolla en Italia entre 1909 y 1916. Fue fundado en París por el poeta italiano Filippo Tomaso Marinetti (su primer manifiesto futurista apareció publicado en "Le Figaro" el 20 de Febrero de 1909). Los seguidores de este movimiento se oponían al academicismo y a la moral tradicional. Su ideario era la exaltación del mundo moderno: la velocidad, la energía, las máquinas industriales, etc. En arte se preocupa particularmente por el estudio del movimiento y se puede relacionar con el cubismo (por la descomposición de planos y de volúmenes).

Características:

ü Negación del pasado y del academicismo.

ü Desprecio de lo imitativo

ü Exaltación de la originalidad.

ü Intento de expresar las estructuras del movimiento: tiempo, velocidad, energía, fuerza, etc. (en el fondo trata de plasmar el mundo moderno y nuevo de las ciudades y los automóviles, su bullicio y dinamismo).

ü Representación plástica del dinamismo y del movimiento basada en el "simultaneismo": multiplicación de las posiciones de un mismo cuerpo; plasmación de las líneas de fuerza; intensificación de la acción mediante la repetición y la yuxtaposición del anverso y del reverso de la figura.

ü Creación de ritmos mediante formas y colores.

ü Temática figurativa: máquinas, deportes, guerra, vehículos en movimiento, etc.

ü Color refulgente, tanto plano como modulado; también transparencias (al principio el color fue aplicado de manera divisionista, con pincelada fragmentada).

Principales Representantes:
En Italia y en Rusia alcanzo el futurismo su pleno desarrollo, dejando su influencia en el arte de nuestros tiempos, sus pintores más característicos fueron:

1. Umberto Boccioni (1882-1916) que es, además, el teórico del movimiento. Intenta representar los estados anímicos y el movimiento. Buscaba romper con los movimientos artísticos anteriores mediante la exaltación de la belleza de la revolución, de la guerra y de la velocidad. Cultivó el puntillismo en algunas ocasiones, en otras empleó la línea curva, y más tarde, las rectas. En La ciudad se levanta su dinámica es curva, mientras que La fuerza de la calle o Dinamismo de un ciclista se organizan en disparatadas rectas, formalmente próximas al cubismo, pero diferenciadas en su aspiración a un movimiento frenético, casi desesperado. En Estados de ánimo las líneas dinámicas se alternan con los espacios vacíos, que expresan el desánimo.

2. Carlo Carrá (1881-1966) quedará fascinado por la tecnología y los espectáculos nocturnos. Se Interesó por el divisionismo de Seurat y su evolución posterior lo llevó hacia la pintura metafísica.

3. Luigi Russolo (1885-1947) fue el que más se acercó a la abstracción. Su obra se caracteriza por la descomposición de movimiento por medio de la repetición paralela que dinamiza las formas, la luz y el movimiento. Empleó una técnica divisionista, y sus temas giraban en torno a la ciudad y la civilización industrial.

4. Giacomo Balla (1871-1957) es el más fiel representante del futurismo. Investigó los problemas de la luz y el color. Sus primeras obras, Interpretaciones Iridiscentes, Vuelos rápidos y Líneas de velocidad dieron el impulso y ritmo a las experimentaciones de los primeros años del futurismo. Trabajó fundamentalmente sobre los aspectos ópticos del movimiento. De la misma forma se interesa por realizar un análisis de los ritmos en ciertas aves, así como una serie sobre La velocidad del automóvil. A partir de 1930, volvió a temas figurativos, pintando ciudades, paisajes y retratos. Fue, además, precursor del dadaísmo.

Otros futuristas son Gino Severini: Autorretrato, La bailarina obsesionante, Norte-Sur, Bailarina azul, Giuseppe Cominetti: Amantes en el agua, Kasimir Malevich: El afilador de cuchillos, y Enrico Prampolini: Composición.




Gallería Futurista



1. Dinamismo de un futbolista

Título: Dinamismo de un futbolista
Autor: Umberto Boccioni
Fecha: 1913
Características: 193 x 201 cm.
Material: Oleo sobre lienzo

Esta obra de Boccioni tiene una clara influencia del cubismo y también del neoimpresionismo, con sus pinceladas cortas y discontinuas.

2. Tumulto en la galería


Título: Tumulto en la galería
Autor: Umberto Boccioni
Museo: Pinacoteca di Brera
Caract: Oleo sobre lienzo 74 x 64 cm.
Fecha: 1910
Museo: Pinacoteca di Brera

La composición de la obra Tumulto en la Galería tiene unas líneas de fuerza que convergen en el centro. Los colores expresan luces intensas y junto a las gruesas pinceladas se expresa la violencia.

3. Los ritmos del arco

Título: Los ritmos del arco (1912)
Autor: Giacomo Balla
Museo: Tate Gallery
Caract: Oleo sobre lienzo 52 x 75 cm

Para conseguir una sensación de movimiento y sonido emplea unas líneas de colores que se sitúan unas paralelas a otras. Los colores que utiliza Balla son los amarillos, ocres y marrones, con pequeños trazos de turquesa, azul, naranja, violeta y rosa. El ritmo del violinista representa la concepción más madura de la idea de Boccioni sobre la relación del objeto y el ambiente, y esto lo consigue fundiendo este objeto con el fondo. La forma trapezoidal del lienzo permite al espectador tener la sensación de que se va a salir el violín del cuadro.

4. Vuelo de golondrina

Título: Vuelo de golondrina (1912)
Autor: Giacomo Balla
Caract: Oleo sobre lienzo 58 x 84 cm

Mediante un motivo sencillo, una pareja de golondrinas sobre un fondo de pinceladas, multiplica los estudios del natural. Balla desemboca en una soluciones cada vez más complejas hasta producir, en el otoño de 1913, la combinación del movimiento de las golondrinas junto al movimiento ocular del espectador.

5. El bebedor

Autor: Umberto Boccioni
Fecha: 1914
Museo: Pinacoteca di Brera
Características: 86 x 87 cm.
Material: Oleo sobre lienzo

Esta obra representa una nueva etapa en la pintura de Boccioni. Su preocupación por el movimiento en sus primeras pinturas cambia de dirección hacia imágenes estáticas y con volumen. En este sentido se parece a Cezanne y es posible que le influyera. Cezanne construía volúmenes y se basaba en formas geométricas fundamentalmente cubos, triángulos, etc.
La sensación de volumen la consigue mediante el color, y emplea el amarillo que se va modificando dándonos unas tonalidades marrones.
Cuando miramos el rostro del Bebedor percibimos un sentimiento de melancolía que se expresa en su postura inclinada y en sus ojos cerrados. Esta obra podría ser una nueva interpretación de uno de "Los Jugadores de Cartas" de Cezanne , aunque vemos que Boccioni utiliza mucho más el volumen.

Unidad I: A propósito del método.

Modernidad: Pintura, Música & Poesía

¿Qué significa la palabra modernidad? ¿Cuándo comenzó? Algunos creen que comenzó con el Renacimiento, la Reforma, el descubrimiento de las Américas, otros afirman que se inició con el nacimiento de los estados-nación y la institución de la banca, el aumento del capitalismo mercantil, y la creación de la burguesía; otros hacen hincapié en los aspectos científicos y filosóficos de las revoluciones del siglo XVII, sin las cuales no tendríamos ni nuestra tecnología, ni nuestras industrias. Cada una de estas opiniones es parcialmente correcta; en su conjunto forman una explicación coherente. Puede ser que por estas cosas los historiadores tienen la tendencia a favorecer el siglo XVIII, y sí, le debemos mucho a este siglo, pero lo cierto es que la modernidad comenzó como una crítica, una critica de la religión, la filosofía, lo moral, al derecho, a la historia, a la economía y a la política. La crítica fue su carácter más distintivo como característica, a su nacimiento.

Para iniciar debemos tener en claro a que llamamos modernidad, sus significados son equívocos y cambiantes: la modernidad es, por su naturaleza, transitoria; "Contemporánea" es una cualidad que desaparece tan pronto como se nombra. La palabra “moderno” se usa para cosas muy diferentes. Pensando en la historia occidental, el “periodo moderno” es el que nace en el Renacimiento (siglo XV). Pero si nos referimos a algo tan distinto como diseños de ropa actuales podemos fácilmente distinguir los modernos de los clásicos. Por tanto, el término moderno implica en todos los casos cambio, ruptura y transformación de lo establecido, de la tradición.



La relación entre el romanticismo y la modernidad es a la vez filial y contenciosa. El romanticismo fue el hijo de la edad de crítica, y el cambio llevado a su concepción y el nacimiento y fue su característica distintiva. Fue el gran cambio no sólo en las artes y las letras, sino también en la imaginación, sensibilidad, gusto, e ideas. Se trata de una moral, un erotismo, la política, lejos de vestir y forma de amar, una manera de vivir y de morir. El héroe romántico es un aventurero, un pirata, un poeta convertido en luchador por la libertad o una figura solitaria en la orilla de un lago desierto, perdido en la meditación sublime. Baudelaire fue el héroe del ángel caído en la ciudad, vestido de negro, su elegante traje manchado con vino, aceite y barro; Y Apollinaire un héroe vagabundo urbano, casi un bum, ridículo y patético, perdido en la multitud.

El poeta y escritor francés Charles Baudelaire publicó en el periódico Le Figaro en 1863 un ensayo titulado El pintor de la vida moderna. Usó el término moderno para definir un sentimiento de diferencia con el pasado y para referirse a una peculiar identidad nueva. Baudelaire se refería así a la ‘modernidad’: “es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”. Esta es la gran contradicción interna que define el espíritu moderno del que nos hablaba Baudelaire: espíritu “transitorio” y “eterno” al mismo tiempo. Baudelaire percibía que el mundo que le rodeaba estaba comenzando a caminar por una vía nueva, desconocida hasta entonces: la política tenía nuevos principios, el desarrollo tecnológico y la industrialización estaban generando una nueva sociedad capitalista. Además, ¡París se estaba convirtiendo en una gran ciudad!, con avenidas grandes y amplias, casas majestuosas. Nada que ver con la ciudad medieval que había sido hasta entonces.

La modernidad implicaba un espíritu de cambio constante, era una experiencia que sólo se podía producir dentro de las ciudades, en el bullicio del ir y venir. Lo moderno se constituía como una actitud ante las nuevas técnicas, las nuevas formas del desarrollo industrial y tecnológico, ante una nueva forma de vida. El arte moderno es el que lleva a sus obras “el porte, la mirada y el gesto” de la vida moderna, es el que se produce a partir de estas experiencias.

Muchos artistas e intelectuales de entonces tomaron la postura de lo que Baudelaire definió como el flâneur: el hombre que camina sin rumbo fijo por las calles de la ciudad, en las que busca experiencia y conocimiento. El flâneur estudia todo lo que pasa a su alrededor y va recogiendo esas sensaciones nuevas e irrepetibles de la vida urbana para enriquecerse. “El verdadero pintor que estamos buscando -escribió Baudelaire- será aquel que sepa arrebatar a la vida de hoy en día su cualidad épica y hacernos sentir lo grandes y poéticos que somos con nuestras corbatas y nuestras botas de charol”.

Mientras Charles Baudelaire publicaba El pintor de la vida moderna, Édouard Manet pintaba su Olimpia (1863). Olimpia es una prostituta “disfrazada de diosa”, es un síntoma de transgresión y una decidida ruptura con la larga tradición de la pintura. Olimpia es “una cortesana con las manos sucias y los pies arrugados… su cuerpo tiene el color lívido de un cadáver expuesto en la morgue”. Se disociaba por primera vez el título del cuadro de su contenido ‘real’, algo que será una característica central en el desarrollo posterior de las vanguardias artísticas.

Olimpia era un final y un comienzo en la pintura. Señalaba el origen del arte moderno dirigido a una sociedad de hombres libres. Además, el cuadro está pintado de forma tan disonante como su contenido. Está hecho con unas pinceladas abruptas y “toscas” que marcan un claro rechazo al modelado tan común en otros autores académicos como el propio Ingres. Como Courbet, Manet buscaba recursos que chirriaran con lo establecido, que fueran destapando ese nuevo mundo moderno.

No sería muy aventurado pensar que Manet conoció la obra que veinte años antes, en 1863, Jean-Baptiste Camille Corot había pintado en Roma: Marietta, llamada la Odalisca Romana. La obra cuenta con unos rasgos de modernidad muy marcados. Sin duda Corot estaba comenzando a transgredir las características de la pintura clásica, convirtiendo a una de las voluptuosas y sensuales odaliscas “de siempre” en el claro retrato de Marietta, una chica común de la Roma de entonces.

Una expresión de modernidad fue el Realismo, sus principales exponentes fueron Honoré Daumier (Marsella, 1808 – Valmondois, 1879), Gustave Courbet (Ornans, 1819 – La-Tour-de-Peiz, 1877), Jean-François Millet (Gruchy, 1814 – Barbizon, 1875) “¿Qué es el arte, cuál es su función social? –se pregunta Pierre-Joseph Proudhon, un conocido anarquista, crítico de arte y amigo de Gustave Courbet- Ya lo dijimos, -se contesta- el arte es una representación idealista de la naturaleza y de nosotros mismos, con vistas al perfeccionamiento físico y moral de la especie.” Y en otro momento afirma: “El arte tiene como fin la representación de la humanidad en un deseo de perfeccionamiento”. Gustave Courbet en 1851 se definió a sí mismo de la siguiente manera: “Yo no soy sólo socialista, sino también demócrata y republicano; en una palabra: partidario de toda la revolución y sobre todo un realista… porque realista significa amante sincero de la verdad honesta”.

Uno de los críticos de arte más importantes del siglo XX, Clement Greenberg, habla de que la modernidad en pintura destaca, entre otras cosas, por la “franqueza con la que se mostraba la superficie sobre la que las obras estaban pintadas”. Esto es, el pintor moderno pierde interés por la ilusión de profundidad que se buscaba en las obras desde el Renacimiento, el fondo del cuadro es el lienzo mismo, muchas veces casi desnudo.

Otras veces el lienzo moderno deja de ser una experiencia óptica exclusivamente, la pintura que hay sobre él cobra volumen, las obras se empastan, apetece tocarlas, se vuelven táctiles. Esto hace que en muchos casos se comience a perder la definición precisa de la forma de las cosas, algo que andando el tiempo sería uno de los caminos que llevaría a la pintura a dar el paso tan importante de la abstracción.

Otra forma de modernidad fue el Impresionismo, sus principales exponentes fueron Marie Bracquemond (Argenton, 1840 – París, 1916), Mary Cassatt (Pittsburgh, 1844 – Le Mesnil-Théribus, 1926), August Renoir (Limoges, 1841 – Cagnes-sur-Mer, 1919). “En un paisaje inundado de luz… donde el pintor académico no ve más que una gran extensión de blancura, el impresionista ve la luz como bañándolo todo, no con una blancura muerta, sino con mil colores, vibrantes y en lucha, de la rica composición prismática. Donde uno no ve más que el perfil externo de los objetos, el otro ve las líneas vivas reales constituidas, no por formas geométricas, sino por mil pinceladas irregulares que a la distancia establecen la vida…” Jules Laforgue, 1883.

A los impresionistas se les acusaba de intransigentes políticos, se decía que lo que pintaban era una expresión de la clase obrera, no burguesa, y una celebración de la recién nacida ideología del colectivismo.

El poeta Stéphane Mallarmé escribió en 1876 un ensayo titulado “Los impresionistas y Édouard Manet” en el que hacía referencia al impresionismo como la vuelta del arte a su “más simple perfección”. Decía: “El alcance y el objetivo (…) de Manet y sus seguidores es que la pintura se empape de nuevo de su causa y de su relación con la naturaleza”. Hablaba del arte “de la verdad, la sencillez y el encanto infantil”, rindiendo homenaje a la nueva forma de mirar de la “multitud (la clase obrera que) quiere ver con sus propios ojos”.

Otra forma de Modernidad fueron Los modernos SIMBOLISTAS, los cuales tienen como principales exponentes a Odilon Redon (Burdeos, 1840 – París, 1916), Pierre Puvis de Chavannes (Lyon, 1824 – París, 1898), Maurice Denis (Granville, 1870 – Saint-Germain-en-Laye, 1943) El espíritu moderno generó en otros artistas ideas que trascendían los asuntos de la vida diaria, que habían sido tan importantes para los realistas o los impresionistas (cada uno a su modo). Estaba naciendo un ligero sentimiento religioso o pseudorreligioso que mostraba una cierta nostalgia de un mundo idílico. Se buscaban emociones primitivas, se trataba de indagar en lo irracional y en las emociones, para llenar de sentido a las cosas “reales”.

Con esta forma de pensar trabajaron artistas como Odilon Redon o Puvis de Chavannes, a los que se encuadró dentro de lo que se llamó movimiento simbolista. El simbolismo fue una corriente artística que adscribía el máximo valor a la representación de sueños, visiones y otros estados subjetivos por medio de líneas, tonos y colores que no se ajustaban a la realidad que ‘vemos’, sino a esa otra realidad que se siente y se sueña…

Fue Rodin, junto con el italiano Medardo Rosso (1858-1928), el encargado de dar el primer aire moderno a la escultura clásica. Rodin sitúa su obra entre la percepción de la naturaleza de los impresionistas y el idealismo ensoñador de los simbolistas. Él mismo dice: “Busco toda la verdad y no sólo la de la superficie. Acentúo las líneas que expresan mejor el estado espiritual que interpreto”.

Los pintores con la idea de que una pintura debe ser una presentación simultánea de las distintas fachadas del objeto. Una pintura cubista está representada tanto en el interior y exterior de los objetos, el anverso y el reverso de la realidad, una imagen futurista mostró o más exactamente, pretende mostrar, el antes y después: un perro caminando o un carro cruzando un parque. La pintura es un arte espacial, y la vista es simultánea.

Todo un siglo de luchas, revoluciones, cambios… París necesitaba un respiro. La belle époque se sitúa en esos treinta años de paz, prosperidad y equilibrio político sorprendente que precedieron la gran guerra de 1914. La vida tenía aspecto teatral, como de opereta: cualquier vicio era perdonable menos la falta de sentimientos, el “crimen pasional” se practicaba como una de las bellas artes.

La política era un juego para divertirse o ganar poder, el placer y los negocios eran también juegos que se practicaban juntos habitualmente. Surgieron muchas escuelas e ismos artísticos variados, muy fugaces en el tiempo.

Fue entonces que se vio a la pintura como una via de escape, Lautrec es el pintor de la belle époque por excelencia. Vivía en Montmartre, barrio con cierta reputación bohemia que acabaría albergando los más divertidos “templos de la noche”. Fue uno de los mejores clientes del Moulin Rouge, ¡hasta organizó una sala de exposiciones en el vestíbulo, en la que mostraba regularmente sus pinturas! Día a día, o mejor, noche a noche, Toulouse-Lautrec recogía como el flâneur de Baudelaire escenas y personajes para sus obras.

Gauguin es el eterno viajero. Por razones muy diferentes, los viajes fueron en su vida como la pintura: una vía de escape, una solución a sus problemas. Nada más nacer tiene que emigrar a Perú por problemas políticos de su padre. Más tarde, tras unos años de estabilidad económica y personal en París, tiene que ir a Rouen (Francia) donde la vida era más barata. Así empieza una historia de cambios de ciudad, trabajo…, una y otra vez. Marcha a Panamá y Martinica, lugar este último en donde entra en contacto por primera vez con el mundo exótico de las costumbres indígenas que tanto le atrajo y marcó su obra final. Sus últimas huidas fueron a Tahití y Las Marquesas, en donde llegó a denominarse a sí mismo “peregrino en camino”.

Finalmente muere en Atuona de un ataque cardíaco, el 8 de mayo de 1903, soñando con regresar a Europa y volver a empezar, esta vez en España. Su pintura cambia y cambia, como sus viajes, soñando siempre con un nuevo comienzo.

Volvemos la vista atrás para centrarnos en el movimiento artístico más radical que nos ha ofrecido la historia. Con la Vanguardia se produce la primera revolución moderna dentro de la revolución que supone el pensamiento anticlasicista. Si el pensamiento y arte moderno nacían a mediados del siglo XVIII como movimiento anticlasicista, la Vanguardia es una antítesis dentro de ese proceso antitético o revolucionario.

Por lo tanto el sistema de la modernidad artística, que se instituyó dialécticamente por el triunfo anticlásico de la cultura romántica (con la irrupción del positivismo y del idealismo) describe un segundo gran rompimiento (también radicalmente revolucionario) operado por la Vanguardia histórica.

La Vanguardia encuentra su razón de ser en la ruptura con el Modernismo y el Noventayocho, y por extensión con el Romanticismo: aquéllos describen una evolución estética e ideológica a partir de éste. El movimiento vanguardista se propuso destruir, y al menos se superpuso, a las formas estéticas e ideológicas precedentes a través de la escalada sucesiva futurista, cubista, dadaista, creacionista y surrealista.

En esa antítesis del desarrollo cultural anterior se da una inversión que se concreta en una desubjetivización, destrascendentalización: hay que tener en cuenta un aspecto en esta evolución del pensamiento moderno, y es que el radicalismo idealista de los orígenes del Idealismo fue evolucionando y desembocó no sólo en la revolución política sino también en la locura y la muerte. Este radicalismo en la evolución idealista produjo también una topificación de los grandes elementos idealistas románticos, constituyéndose una tópica estratificada en que el yo lírico recae sobre sí mismo, con lo cual nos encontramos con el solismo del poeta: contra esto será contra lo que incidirá la revolución vanguardista.